Quemar las Naves. 2019
Recuerdo dos fotografías que me hubiese gustado hacer y conservar de mi madre. Una en mi infancia, estimo que era primavera, cuando la luz del sol inundaba el mediodía y yo la observaba desde el patio de casa, debajo de la parra con sus primeras hojas. Ella, asomada a la ventana de la cocina realizando esa ceremonia cotidiana de hacer que todo fuera más placentero.
La otra, cuando la fotografié sosteniendo en brazos a su primera nieta, mi hija. Perdieron el rollo en el laboratorio.
Desde ese día… creo que detesto lo analógico.
Quemar las Naves fue mi manera de descargar esa bronca acumulada. No sirve de mucho. Pero mi psicóloga me dijo que no me guardara nada.